Argentina – Respuesta a la nota «¿Deconstrucción?» publicada en el Boletín La Oveja Negra (+ nota «¿Deconstrucción?»)

Recibíamos hace ya unos cuantos días en la bandeja de correo electrónico de este blog un escrito de respuesta a otro texto titulado «¿Deconstrucción?» y que fue publicado en el Boletín La Oveja Negra, correspondiente al pasado mes de abril, y que también añadimos, ya que si bien hay varios aspectos de «¿Deconstrucción?» con los que no estamos de acuerdo, nos parece importante no difundir solo la respuesta sino también la reflexión original para una mayor claridad en el debate.

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¿Deconstrucción?, por Boletín La Oveja Negra

Cada vez más, en ciertos ámbitos anarquistas, feministas, militantes o de lucha en general, resuena el concepto de deconstrucción. Para muchos pareciera un elemento ineludible y necesario, el camino hacia un grado de mayor conciencia y puesta en práctica efectiva, que si alguna vez llegara a generalizarse haría posible un cambio social real. Se lo propone como una especie de autoanálisis y de toma de conciencia de privilegios, que dependerían y responderían a una serie de “interseccionalidades” (sexo, género, edad, raza, clase, etc.) que definen la identidad de cada individuo diferenciándolos de los demás y llevándolos a reproducir comportamientos y posiciones de poder o subordinación en relación a otros individuos. Es así que una persona en proceso de deconstrucción sería aquella que se está cuestionando sus “privilegios” y cambiando su forma de comportarse y relacionarse, intentando no reproducir ciertas formas, lógicas, comportamientos… de no oprimir con su existencia a otras personas.

Ahora bien, esta idea de que, de alguna manera, todos seríamos al mismo tiempo opresores y oprimidos ya que por todos lados hay relaciones de poder y es imposible escapar de ellas, muy simpática debe caerle a quienes se encuentran en altas posiciones de poder.

No es casualidad que estas ideas no deriven de las luchas ni de los balances de sus propios protagonistas sino de académicos, filósofos, intelectuales, así como tampoco lo es que estén tan presentes en ámbitos universitarios y de charlatanes a sueldo, perpetuadores del orden existente. De repente, nos hacen saber que el problema está en nuestro interior. El problema no es que nuestras vidas estén sometidas al trabajo, a los tiempos mercantiles, a la dictadura de la economía, del dinero y los relojes. Para los defensores de la deconstrucción, son a lo sumo condicionantes, pero no condiciones materiales a superar. Pareciera que lo más importante a resolver serían las relaciones de poder entre pares, quizás porque sea lo único que se presenta como posible. Así, todos podemos ser mejores con una simple toma de conciencia. Pero creer que es posible que la sociedad cambie por una toma de conciencia generalizada es tan ingenuo como creer que un funcionario del Estado, un político, un cura, un empresario, un policía, dejarían de beneficiarse de sus “privilegios” por hacerse conscientes de ellos.

De alguna manera, en todo esto, está implícita la actitud subjetivista, tan posmoderna, en donde la realidad ya no existe y todo se enfoca cada vez más en las percepciones y sensibilidades individuales. Así, se termina igualando la opresión del Estado con los “micropoderes” que ejerce cada quien. No es casualidad tampoco que este tipo de modas aparezcan en un momento de atomización absoluta, de susceptibilidad generalizada, de victimización paternalista. Luchar contra los que nos oprimen está pasado de moda y ahora nos oprimimos todos entre todos, incluso somos enemigos de nosotros mismos.

Tiempos de autoayuda, autosuperación, eliminación de malas influencias y energías dañinas para el progreso personal. Alimentación consciente, lenguaje inclusivo, conciencia sobre contaminación, estilos de vida. Todo está en nosotros como individuos y depende de nosotros como individuos. Y si fallamos, somos condenados como individuos y culpables. Otra vez, lo viejo se hace pasar por nuevo.

La teoría de la deconstrucción, supone que existen identidades o determinaciones de las cuales podríamos desprendernos por simple voluntad, como si estas fuesen una elección y no estuviesen definidas por un proceso de cientos de años y millones de personas. Además de la cuestión del individuo, surge la idea de que uno es lo que es porque lo elije, en otras palabras, porque quiere. Es así que una estudiante universitaria puede dedicarle más tiempo a su deconstrucción que una madre de cinco hijos. La perspectiva, en ciertos ámbitos de lucha, pareciera haber dejado de orientarse hacia un cambio social real para enfocarse en la creación de espacios seguros, donde no haya incomodidades ni conflictos, donde nadie se sienta discriminado ni excluido.

Con todo esto no estamos negado la importancia del cambio subjetivo o personal, ni del modo en que nos comportamos en lo cotidiano. Porque esto nos parece un elemento fundamental para la lucha revolucionaria y hasta una cuestión de supervivencia. Decir que «quienes hablan de revolución sin hacerla real en sus propias vidas cotidianas, hablan con un cadáver en la boca» es muy diferente a perder de vista el hecho de que todo aquello que reproducimos es parte de una relación social (no interpersonal) que debe ser destruida de raíz y superada. Y no por gusto, sino porque es la única manera. Porque justamente, si decimos que somos una “construcción”, esta construcción es social y social será su destrucción. Es de vital importancia comprender que lo que somos, muchas de las actitudes de mierda que reproducimos y que tenemos que destruir (no deconstruir) son producto de una vida que está sometida a las necesidades de otros, a las necesidades de la economía antihumana que muchas veces nos vuelve inhumanos. Y mientras eso perdure, nos podemos hacer conscientes de ello y tensionar al máximo las posibilidades de no reproducción de sus lógicas. Eso no implica generar una atomización y desconfianza cada vez mayores que justifiquen y continúen reproduciendo los modos que nos impone el capitalismo.

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Respuesta a la nota «¿Deconstrucción?» publicada en el Boletín La Oveja Negra, abril 2019

«La sorpresa y el desconcierto que generan los episodios de violencia contra las mujeres en nuestros entornos politizados se nutren del desconocimiento y de la hipocresía. La negación, la aceptación e incluso la falta de contundencia en las respuestas ante los más mínimos indicios son cobardes cómplices de la violencia contra las mujeres, y en este caso, en todas nosotras hay algo que en mayor o menor medida huele a podrido.

Hagamos limpieza!»

– Periódico de Barcelona «Antisistema» número 15, junio de 2008.

Si elijo escribir esta respuesta no es por la consideración de la confrontación, ni para darle una importancia grandilocuente a la nota en sí, sino, para decirlo con claridad, no dejar pasar los discursos que lo único que hacen es legitimar el orden social, que amparados en el pedestal de la lucha de clases repiten expresiones que las encontramos en cualquier partido o agrupación política, y ésta es la crítica artificial, superflua y caricaturizada del “feminismo”, pensar que estos discursos son ajenos a los entornos seria inocente, al contrario, responden a contextos y posturas, no por algo los espacios y “compañeros” con evidentes conductas machistas y hasta declarados actos de abuso y acoso comparten abiertamente la nota a la que nos referimos.

“¿Deconstrucción?” Nos preguntan los escritores en cuestión, y desde ahí ya se huele el trasfondo ideológico, otra publicación que repite hasta el hartazgo que “la lucha es de clases” intenta hablar de conceptos mayormente utilizados por feministas, y desde acá hay dos opciones, o se afirma “si” sin valor crítico, sino por la simple adecuación a un entorno, o se dice “no” y se busca una serie de objeciones hasta ridículas para justificarlo. En este caso hablamos del segundo. Con esto no quiero decir que no se pueda hablar de la deconstrucción como concepto, o que cualquiera que lo haga se limite a estas dos calificaciones, sino que el lugar desde donde se habla hace agua por sí mismo, se intenta criticar a un movimiento multiforme sin participar en él, y esto queda en evidencia también desde el título, tal vez por desconocimiento, o simplemente por falta de voluntad, los autores se plantean en pie de batalla contra un concepto más que debatido y rebatido entre las personas que se definen tanto como feministas o antipatriarcales, y respuestas abundan*, incluso desde las posturas más ciudadanistas se piensa desde años el concepto de la deconstrucción, entonces ¿Desde dónde surge esta crítica?

Desde ya nos encontramos con una mezcla de términos que denotan la postura de quienes escriben, intercambiando títulos como “anarquistas, feministas, militantes o de lucha en general”, una manera de minimizar una serie de posturas incluso contrarias entre sí a propio antojo. Y es que justamente el punto de la nota no es pensar la deconstrucción, ni las formas en las que nos posicionamos contra el patriarcado, al contrario, es atacar una caricatura imaginada, la cual pareciera ser una amenaza para “la revolución”.

De acá en más estas caricaturas se repiten a lo largo del texto, “Pareciera que lo más importante a resolver serían las relaciones de poder entre pares, quizás porque sea lo único que se presenta como posible. Así, todos podemos ser mejores con una simple toma de conciencia.” Afirman, seguido de “Luchar contra los que nos oprimen está pasado de moda y ahora nos oprimimos todos entre todos, incluso somos enemigos de nosotros mismos.” Posturas que no plantean ni hasta lxs más reformistas de la izquierda argentina, y no es que nos agraden, pero este tipo de textos los vimos aparecer hasta en partidos políticos, y son la clara muestra de conflictos “al interior” de los movimientos, ahora, hablando desde el ámbito donde nos movemos, o sea los anarquistas, no los “militantes o de lucha en general”, ¿Vamos a negar que existen posturas patriarcales? ¿Nos vamos a olvidar que en la mayoría (por no decir todos) de los espacios anárquicos han participado activa o transitoriamente personas que abusaron o acosaron a compañerxs? Podemos llamarlo como queramos, deconstrucción, destrucción, tensión, ese justamente no es el punto, sino las formas en las que afrontamos o no estos abusos, estas actitudes patriarcales que también se demuestran en chistes, discursos, exclusiones.

¿Vamos a negar también que la mayoría (por no decir todos) de los espacios anarquistas están conformados por personas cis heterosexuales? Esto no es para martirizarnos, sino para dejar de normalizar desde donde hablamos, y esto queda demostrado también en varias de las publicaciones que andan dando vuelta, donde solo se les habla a los hombres y a veces se incluye a las mujeres, negando la posibilidad de que quienes lean no formen parte de ninguna de las dos categorías, ¿Con esto quiero decir que esta es una actitud machista, opresora? No, desde ya respondo a las exageraciones que les gusta replicar, sino que demuestra evidentemente desde donde se escribe, si lxs anarquistas tenemos que usar o no el lenguaje inclusivo es un tema que hasta los medios de comunicación más cotidianos responden “quienes quieran hacerlo que lo hagan”, por el contrario, la reacción ante estos términos, que se escapan al debate central (que es la existencia del patriarcado, incluso entre lxs anarquistas), demuestran el tambalear de los privilegios que nuestros compañeros tienen tan normalizado, pero claro, será mucho más fácil criticar a la “Alimentación consciente, lenguaje inclusivo, conciencia sobre contaminación, estilos de vida.”

Acá encontramos otra excusa “Además de la cuestión del individuo, surge la idea de que uno es lo que es porque lo elije, en otras palabras, porque quiere. Es así que una estudiante universitaria puede dedicarle más tiempo a su deconstrucción que una madre de cinco hijos.” Justamente porque el punto no es una “madre de cinco hijos” sino el compañero de al lado y cuantas veces escuchamos la excusa que “cada uno tiene sus procesos”, además, esto es subestimar la crítica feminista, justamente cuando es este movimiento el que se solidariza y se acerca a la “madre de cinco hijos”, y al mismo tiempo tensiona en torno a la figura estereotipada de madre, la maternidad forzada y la reproducción de los roles de género, todas perspectivas que los grandes teóricos revolucionarios han minimizado durante la modernidad, y bajo esta excusa los autores critican la idea de los “espacios seguros” (idea también cuestionada infinidad de veces dentro de los espacios y grupos feministas**), como si se cuestionara la presencia de personas en espacios por tener hijos o por no repetir un discurso, una minimización de la serie de actitudes autoritarias que muchxs tienen que afrontar diariamente de personas que dicen “ser compañeros”.

¿De qué revolución hablamos cuando el compañero que se hace fama por enfrentarse a la policía, por escribir extensas publicaciones o tener labia para el discurso, después le pega a una compañera, tiene actitudes transfóbicas, y es violento entre compañerxs? Estos no son temas menores, ni actos aislados, necesitamos generar herramientas, ser sincerxs y directxs, pero justamente desde el ataque a la caricatura feminista no es desde donde lo podemos hacer, ¿Deconstrucción? Si, definitivamente, no porque sea un término ideal, no porque no haya surgido de la universidad, sino porque necesitamos tensionarnos nosotrxs mismxs, porque por fuera de las conjeturas apuradas, hay prácticas concretas que vienen siendo impulsadas por lxs feministas y tienen críticas, respuestas y apropiaciones claras hechas por compañerxs anarquistas, porque las actitudes y acciones machistas que tan normalizadas están dentro del entorno anárquico empezaron a ser cuestionadas, enfrentadas, combatidas, y como tal quienes gozaban de la cobertura, del amiguismo y la norma, hoy responden, y hasta acusan a compañerxs de policías por no querer compartir espacios con ellos, respondiendo con violencia o excusas cuando las personas a las que acosaron y abusaron eligen hablar de lo que hicieron.

Contra el silencio y la crítica cómplice.

Por la tensión de nuestras prácticas, contra toda autoridad.

UN VARON CIS ANARQUISTA.

*

“La deconstrucción implica la modificación de la propia subjetividad no la de lxs demás, so pretexto del deber ser.”

“…En vez de ser aceptadas como buenas o malos, en vez de un ideal regulatorio de la deconstrucción, un policía queer que vaya diciéndole a los cuerpos margen, a los deseos-borde, qué hacer para finalmente estimular nuestras potencias para generar situaciones, estados de excepción que perduren por el mayor tiempo posible, intensidades, densificaciones, donde el acontecimiento y la presencia sean inmunes a esa aceptación porque han sido contagiados con el virus del deseo antiheteronorma.

Siguiendo a Emma Goldman en La Tragedia de la Emancipación de la Mujer, ahora hay que emanciparse de la emancipación. Dejar de definirnos por caracteres específicos opuestos a la heteronorma, y por ende identificables por el poder. Devenir , entonces , imperceptibles, el anormal del anormal que se exilia, llevándose en la información celular de todas las Stonewall de este mundo, además de los cóctel molotov todos los otros cócteles, la bola de espejo ,el taco de acrílico, la rara rabia ardiente, y la potente alegría de las potencias de lesbianastravestiestupendas.”

Foucault para encapuchadas, 2014.

El llamado de la revolución feminista para con nosotros es el de “deconstruirnos” (no me agrada esta manoseada palabra, pero es la que más calza con lo que quiero precisar). Deconstrucción como compromiso ético contra la moral patriarcal. Es necesario llevar la discusión a todos los sitios en donde nos encontremos, sobre todo si nos encontramos en situaciones donde el machismo repleta la boca de tus compas: ya sea en comentarios, experiencias, etc… Ese trabajo dudo que tenga grandes alcances en aquellas iniciativas masivas de “hombres deconstruidos/feministas”. Porque son falsos, ya lo mencioné. Porque son autocomplacientes y las individualidades no relatan todo lo que tienen que relatar. Sería positivo que así fuera. Pero ante este escenario, una alternativa creo yo, como ya lo mencionaba, es afianzarse en comunidades de sinceridad, fuera de la masividad (y el protagonismo), y dentro de la autocrítica verdadera. Con tus compas de la guerra, de la U, del barrio, con quienes se sienta la confianza para hablar estos temas y trabajarlos colectivamente. Porque como decía, nadie logrará avanzar y aportar a la guerra contra el patriarcado si pretende hacerlo solo.

Reflexiones sobre feminismo, Chile. Contrainfo, julio 2018.

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