Solidaridad con los cuatro imputados por los tartazos a Yolanda Barcina.

Hace unos días se hacía pública la sentencia contra los responsables del desastre ecológico del petrolero Prestige. Como era de esperar, todos salían absueltos a excepción de uno, que era castigado con una pena de 9 meses de prisión. Resulta tan curioso como provocativo, irritante y ofensivo, la irrisoria sentencia aplicada en el caso del Prestige si la comparamos a las peticiones fiscales que enfrentarán mañana varixs activistas NO-TAV por el lanzamiento de unas tartas de merengue contra Yolanda Barcina, bastarda presidenta de la comunidad de Navarra, durante una comparecencia en Toulouse en el marco de una reunión realizada en Toulouse (Francia) para seguir preparando la imposición e instalación del Tren de Alta Velocidad (TAV) en Euskal Herria. Nada menos que posibles condenas de entre 5 y 9 años de prisión por un presunto atentado a la autoridad para cuatro personas que lanzaron tartas de merengue, frente a los escuetos reproches recibidos por quienes devastaron todo un litoral arruinando la fauna y la flora de una amplia zona marina y destruyendo el ecosistema.

Nihil novum sub solem, supongo. Como siempre sucede en estos casos, defender la naturaleza es un crimen imperdonable, mientras que destruirla se califica de «accidente» y mágicamente desaparecen lxs responsables, quedando en el aire la cuestión. Mientras no se haga nada, nada será lo que cambie.

No es mi intención caer en el juego del sistema tomando el camino fácil de exigir una condena mayor. Las cárceles no sirven, no funcionan y no son parte de la solución sino eje fundamental en el problema. La respuesta tiene que venir de fuera de sus estructuras y de sus instituciones, y debe ser ajena a sus lógicas y valores. Solidaridad, apoyo mutuo y acción contra el TAV, sus inversores y defensores, desde Piamonte y Val Susa en Italia (donde llevan más de 20 años dando caña contra el trenecito de marras) hasta los valles de Euskal Herria y de cualquier otro territorio.

A continuación, un comunicado con más información del caso contra los cuatro activistas NO-TAV imputados por los tartazos a Barcina, que recibí en el correo en su versión en portugués y que tras traducir, reproduzco:

¡No al TAV, ni en EH ni en ninguna parte!

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El lunes, 18 de noviembre, serán juzgadas cuatro personas con peticiones fiscales que van desde los 5 hasta los 9 años de prisión, por un supuesto crimen de atentado a la autoridad. Tres deliciosas tartas de merengue cayeron en el rostro de la presidenca de Navarra, Yolanda Barcina, en una reunión celebrada en Toulouse (Francia) para la imposición del TAV (Tren de Alta Velocidad) en Euskal Herria.

A pesar de que las autoridades francesas apenas observaron indicidios de crimen en esa acción reconociéndola como algo de poca importancia, la Audiencia Nacional, heredera directa del franquismo, no dudó y saltó las fronteras del Estado para procesar a estos cuatro «pasteleros» del movimiento de desobediencia civil contra el TAV.

Esta infame infraestructura, impuesta como otras en nombre del «interés general» es fruto del matrimonio entre Obras Públicas y constructoras españolas. Existe un «interés general» cuando por medio de los impuestos invierten 6.000 millones de euros (dinero equivalente a la cantidad de la que el Departamento de Vivienda Vasco «dispone» para los próximos 24 años), cuando se sabe que en esta sociedad motorizada el TAV es el medio de transporte más caro en relación kilómetro/plaza, sólo accesible para la clase media alta y cuando rasgan ciudades y aldeas del territorio vasco para conectar tres capitales en viajes que sólo un 3% de lxs vascxs hacen todos los días.

El pedazo que el territorio dará al TAV implica la división de valles y la conversion de muchos de ellos en ruínas, abrir nuevas pistas, perforar montañas, excavar alterando el flujo de agua de los macizos, contaminando arroyos y ríos que también serán atravesados en más de 100 puntos. Todo esto sin mencionar el consumo de energía que necesita esta aberración de la velocidad. En pocas palabras, el TAV significa cortar, volar, contaminar, partir, desviar, excavar y perforar en nombre del «progreso».

Este proyecto culminaría en un proceso que viene de lejos y que insiste en la destrucción de las zonas rurales, transformando la vida de las personas que las habitan en un sustituto del estilo de vida urbano. Dicho de otra forma, convierten la zona rural en una periferia que convivirá con escombros, canteras, vertederos y plantas de energía térmica dejando algunas zonas verdes como áreas cerradas y valladas, «protegidas» para disfrute de lxs turistas que buscan un País Vasco «rural, verde y diferente».

Podríamos continuar desentramando los descontroles del TAV, pero esa lógica de desperdicio y destrucción es bien conocida en Euskal Herria (aeropuertos vacíos, urbanizaciones fantasma…) y nos coloca en segundo lugar en el mundo en red de transportes y en el primero en Europa en construcción y cemento (con la correspondiente deuda que, como siempre, pagamos nosotrxs). Ahora también seremos el primer país en intentar encarcelar a alguien por unos tartazos.

Absolución de los cuatro activistas.

Paralización de las obras del TAV.

Tartas para nuestros jefes, políticos y profesores.

Llamamiento a la solidaridad – Lunes 18 de noviembre

9:15 – Juicio y concentración en el Tribunal Supremo.

18:30 – Lanzamiento y degustacion de tartas con mesa informativa.

20:00 – Concentración solidaria.

Tartazos Barcina

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