Turquía – Manifestaciones recuerdan el primer aniversario desde el asesinato policial del joven Berkin Elvan

El pasado 11 de marzo se cumplía un año desde que Berkin Elvan, un chaval de 15 años habitante de Estambul, fue asesinado por la policía. Durante las protestas antigubernamentales contra el ejecutivo de Erdogan, que se iniciaron en torno a la defensa del Parque Gezi y la Plaza Taksim frente a los planes urbanísticos del poder, un bote de gas lacrimógeno disparado por la policía alcanzó a Berkin Elvan en la cabeza, causándole un coma que duró 269 días y, tras esa larga incertidumbre, la muerte.

Berkin fue un «daño colateral» de la Democracia, uno de tantos «accidentes», asesinatos policiales que no son tan aislados como nos quieren hacer creer, y devuelven a la sangrante memoria otros casos como el de aquel vecino del barrio del Raval, en Barcelona, apaleado hasta la muerte por 11 agentes de los Mossos d’Esquadra o, sin ir más lejos, el homicidio de Alexis Grigoropoulos, también de 15 años, que murió la noche del 6 de diciembre de 2008 en Atenas, Grecia, por los disparos a sangre fría y sin motivación alguna del bastardo policía Epaminondas Korkoneas, y cuyo asesinato desencadenó la rebelión del Diciembre griego.

Berkin, de todas maneras, no fue el único muerto de aquellas revueltas, en las que perdieron la vida un total de siete personas y varios miles más quedaron heridas, algunas de extrema gravedad. Además de las 7 personas muertas, también murió un policía.

Ante esta triste efeméride, un nuevo llamado a la revuelta recorría las principales ciudades turcas. Sigue a continuación una noticia de ANA (Agência de Noticias Anarquistas) y que yo recojo y reproduzco del blog de lxs compas de Abordaxe! (previa traducción a castellano desde el original en portugués).

Desde Turquía hasta Grecia, desde el Estado español hasta los suburbios de Londres o París, desde los guetos de EE.UU. hasta los bosques de Testet, y más allá, no olvidamos y no perdonamos las muertes causadas por la brutalidad policial.

1312 – ¡Maderos asesinos!

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El día 11 de marzo en cerca de 20 ciudades turcas, centenares de personas se reunieron para homenajear a Berkin Elvan, un adolescente muerto hacía un año exacto en Estambul. En aquella ocasión, durante las manifestaciones antigubernamentales ocurridas en 2013, Elvan murió tras quedar herido a consecuencia de la represión policial.

En Estambul, fueron registrados enfrentamientos en el barrio de Okmeydani, donde vivía Elvan. Los enfrentamientos llevaron al aparato policial a disparar chorros de agua a presión y lanzar bombas de gas lacrimógeno contra lxs manifestantes, que respondieron con piedras y cócteles molotov.

Algunxs jóvenes anarquistas fueron detenidxs cuando intentaban iniciar una protesta frente al Parque Gezi, donde comenzaron las manifestaciones de 2013.

En Ankara, la policía disparó chorros de agua a presión contra centenares de personas que gritaban exigiendo justicia. 11 personas fueron detenidas.

Recordando el caso…

Gravemente herido en la cabeza por una bomba de gas lacrimógeno, el joven de 15 años quedó en coma durante 269 días. Elvan fue la última víctima fatal de la ofensiva antigubernamental lanzada aun en 2013.

En junio de aquel año, las manifestaciones en el Parque Gezi y en la Plaza Taksim tenían el objetivo de salvar los árboles del parque. Las zonas verdes estaban bajo la amenaza de un proyecto urbanístico llevado a cabo por el gobierno, y entonces se conviertieron en protestas generalizadas contra el entonces primer ministro Recep Tayyip Erdogan, actual presidente en Turquía.

La muerte de Elvan elevó a siete el número de manifestantes muertxs durante esos acontecimientos*, que dejaron más de 8.000 heridxs. En aquella ocasión, un policía también murió.

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* Nota del blog: Si bien no cuento ahora mismo con fuentes a mano para confirmarlo, recuerdo que, según algunas informaciones, Berkin no se encontraba participando de los disturbios cuando fue alcanzado por la granada lacrimógena que le causó las heridas que acabaron por matarle. No obstante, y al margen de si estaba o no participando activamente de la protesta, su asesinato nos confirma que la brutalidad policial no es un hecho aislado, sino una constante que se reproduce a un ritmo cada vez más frenético y habitual, con la complicidad total de los medios de comunicación, auténticos profesionales en la «noble» tarea de limpiar la sangre que dejan a su paso los cuerpos policiales de todo el mundo.

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