[Texto] «Algunas consideraciones sobre la noticia de la videovigilancia en Vallekas», por Algunxs anarquistas de Vallekas

El siguiente texto fue publicado primero en el blog ContraMadriz, quienes lo recibieron en el correo electrónico, y desde ahí rebotado por e-mail a otros blogs, este entre ellos, para aumentar su difusión. El texto contiene una reflexión sobre el nuevo programa de videovigilancia para el distrito de Vallecas, en la ciudad de Madrid, así como también sobre el discurso político y social de criminalización de la pobreza que se está empleando para justificar el incremento del control social en la zona, usando como pretexto problemáticas como las drogas o la delincuencia, asociándolas a la población precaria con la ayuda de la prensa burguesa y escondiendo las verdaderas causas de estos factores, directamente relacionados con la organización capitalista de la sociedad y el orden de explotación y miseria que conlleva.

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El pasado 16 de febrero se tuvo conocimiento del informe presentado por la Dirección General de la Policía de Madrid para la instalación de videovigilancia en varias zonas de vallekas, concretamente en las cercanías de Puente de Vallekas. Según informa El Salto Diario, la instalación de estas 25 cámaras convertirá la Avenida Monte Igueldo y Peña Gorbea en un bonito paseo donde el Estado y sus mercenarios controlarán las 24 horas del día lo que allí pase. Este informe es presentado a petición de la Junta de Distrito con el señor Paco Pérez a la cabeza (concejal de Ahora Madrid, ¿sorpresa?) y es el colofón final a una campaña mediática que reclamaba el aumento de la presencia policial en el barrio con la vieja y repitida excusa de la delincuencia, esta vez poniendo el foco en los oportunos “narcopisos”.

Periodistas, políticos (de cualquier signo), inmobiliarias, empresas y maderos unen sus fuerzas para convertir vallekas en una zona tomada y militarizada por policías (en patrulla o de paisanos), donde la única lógica imperante sea aquella que se base en el consumo, donde la especulación capitalista expulse a los pobres de sus hogares. La okupación y todas las prácticas que busquen la subversión de las actuales relaciones de dominación y amenacen la normalidad democrática se encuentra en jaque. Este proceso, que algunos han llamado gentrificación aunque para otros no sea sino un nuevo reajuste de la ciudad capitalista y sus barrios acorde a los intereses del Estado y el Capitalismo, no es único y exclusivo de Vallekas, ocurre en todos los barrios pero a diferentes ritmos. Los procesos de especulación capitalista vividos en Malasaña, Lavapiés, Tetuán, Carabanchel y Vallekas conjugan dos importantes intereses: el meramente económico concretado a través de la especulación inmobiliaria y el del control social, con el reforzamiento de la presencia de los esbirros del Estado y la utilización de la técnica y la tecnología al servicio de los intereses del poder.

Otro asunto que no debería pasar desapercibido es el foco puesto en los narcospisos. En primer lugar cabría señalar como el narcotráfico no es sino un entramado internacional piramidal que involucra no solo a esos empresarios sin careta llamados “narcos”, sino a cuerpos policiales, gobiernos, políticos… Debido a su carácter ilegal, la droga como mercancía se mueve en un mercado internacional fuertemente impregnado por los más violentos ritmos capitalistas, que deja tras de si innumerables procesosy niveles de explotación y dominio en su cadena de producción y distribución.

Este contexto general del mercado de la droga, encuentra sin embargo características propias en vallekas, utilizadas por los medios de comunicación como caballo de batalla para justificar la represión y la especulación. Este proceso de legitimización de las fuerzas represivas del Estado constante al que se nos somete, encuentra en un barrio como vallekas un magnífico gancho con el asunto de las drogas. En la memoria colectiva del barrio están los años de la heroína, la generación perdida y los estragos que causó entre lxs hijxs de las clases trabajadoras. Este hecho no puede desligarse nunca del contexto en el que se produjo: un Estado español subido al tren europeo, en plenos años de asentamiento del nuevo régimen democrático, con una reconversión industrial feroz que llevaba a la ruina y a la miseria millones de personas. La droga cumplía un papel capital como herramienta de control social frente a una generación que se veía abocada a la miseria. No debe por tanto extrañarnos la implicación de mandos policiales y políticos en todo el Estado en el tráfico de drogas. Lejos de ser una excepción, es una práctica normalizada, muy asentada en los cuerpos policiales de todo el mundo. La desarticulación definitiva del movimiento obrero, el papel del sindicalismo dentro del nuevo capitalismo conciliador y democrático y el fortalecimiento de los nuevos mecanismos de pacificación e integración social hicieron el resto.

El Estado sabe tocar las fibras sensibles, manejar los miedos y construir un concepto de seguridad acorde a sus intereses de control y dominio. Y si de paso, se puede cargar contra la okupación, como práctica de acción directa que pone en jaque uno de los pilares del capitalismo, la propiedad privada, pues adelante.

La idea es poner el foco en cualquier sitio que no sea la explotación cotidiana a la que se nos somete. Que no odiemos a nuestro jefe que nos roba la vida en eso que llaman trabajo, que se nos someta a la esclavitud asalariada con la amenaza del paro y la miseria como únicas alternativas. Que persigan a otros explotadxs, como nosotrxs, por su condición de personas migrantes, en los controles racistas en la puerta del metro o mueran acribillados ya ahogadospor pelotas de goma en el estrecho. Sus guerras, sus ejércitos, sus banderas. Que nuestra vida este dominada por la obediencia, por la delegación en profesionales de la política, en votar cada cierto tiempo. Que las cárceles y comisarías sigan robando vidas por la miseria que el propio sistema genera. Que hayamos sido completamente desposeídos de nuestras capacidades y nuestra ya de por sí mermada autonomía se vea cada vez mas reducida. La destrucción del territorio y la tierra. Que olvidemos todo y nuestro único problema sean los narcopisos y la solución… la solución nos la da el Estado y sus instituciones, sus representantes, sus voceros y sus lacayos.

Ante esto, tenemos muy claro las armas a emplear. La acción directa contra sus cámaras y policías. La acción directa contra sus representantes políticos, se llamen Partido Popular o Ahora Madrid. La guerra a mafias que se lucran con la muerte y una herramienta de control como la droga no puede olvidar nunca la guerra contra el Estado, pues son dos formas de hacer lo mismo: generar control y sumisión, su aparente enfrentamiento no es sino el Estado haciendo valer su monopolio sobre la violencia. Generar puntos de ruptura, brechas y enfrentamientos contra aquellos proyectos de reestructuración capitalista, mediante la puesta en práctica de la solidaridad y el apoyo mutuo. Pasar a la acción en el ya y el ahora, sin pedir permiso a nadie, ni esperar a nadie.

¡Guerra al control social!
¡Viva la anarquía!

Algunxs anarquistas de Vallekas

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