[Texto] La marca Mandela marcha a toda máquina.

Si en la noticia anterior os hablaba de la diferencia abismal entre el bombo mediático que se da a la noticia de la muerte de Nelson Mandela y el silencio sepulcral que rodea al encarcelamiento y tortura desde hace más de 32 años de Mumia Abu Jamal en EE.UU., y señalaba las diferencias en el caudal económico de ambos sujetos como el motivo principal de este trato informativo tan desigual, ahora os traigo un artículo extraído de la web del colectivo libertario Evora de Portugal y que fue originalmente publicado en el blog comunista libertario sudafricano Zabalaza, con fecha de 6 de junio de 2013, 6 meses antes de la muerte del activista y político sudafricano al que atribuyen, de forma merecida aunque exagerada por motivos que ahora veremos, la unificación de Sudáfrica y el fin del apartheid (un final relativo, pues todo se redujo a una reforma superficial de la explotación y al reemplazo de la jerarquía racial por una marcada por las relaciones de clase, integrando a una parte de los negros burgueses en la élite sudafricana siempre al servicio de los intereses blancos y manteniendo en la pobreza y la marginalidad a la mayoría pobre, que sigue siendo víctima de la explotación, la brutalidad policial y el racismo de las instituciones y de las empresas y organismos neocoloniales que siguen aplicando allí su neoliberalismo).

El texto a continuación, redactado por la activista anarquista sudafricana Tina Sivozuka (miembro del Colectivo Anarquista Africano Tokologo) y que yo publico tras traducirlo desde la versión en portugués encontrada en el blog del colectivo Evora de Portugal, al que llegué a través de Abordaxe!, reflexiona sobre el aprovechamiento que el gran capital y la clase política a su servicio en Sudáfrica han hecho en los últimos años y, desde su muerte con mayor intensidad, de la importancia que la figura e historia de Nelson Mandela tiene dentro del imaginario popular sudafricano. Un proceso similar al que llevaron a cabo con el Ché Guevara en su momento, convirtiendo a luchadores en simples iconos, marcas de consumo, rostros vacíos, desprovistos de autenticidad, de nombre, de identidad y sobre todo, desprovisto de lo subversivo de sus actos y pensamientos, para traficar con ellos en los arrabales del espectáculo.

Vuelvo a decir, como ya aclaré en la entrada anterior sobre Mumia Abu Jamal, que, desde mi punto de vista, ni la campaña de desprestigio que algunas voces (ignorantes o simplemente malintencionadas) están llevando a cabo contra Mandela, ni tampoco la campaña opuesta de idealización y santificación del sujeto, me parecen honestas ni realistas, y ambas están movidas por intereses oscuros que nada tienen de libertario ni de emancipatorio sino más bien de todo lo contrario. Yo, personalmente, ni idealizo ni demonizo a Mandela. Reconozco sus logros, su sacrificio y la importancia que tuvo su lucha, pero eso no quita que me produzca náuseas su rol de político, presidente y, sobre todo, su faceta de millonario inversor, entregándose tarde o temprano al capitalismo que durante tanto tiempo le esclavizó y atormentó junto al resto de sus compañerxs. Que cada unx analice la información y saque sus propias conclusiones. Yo por mi parte os dejo este interesante aporte, una reflexión que no es la primera vez que se plantea pero que parece que no pierde vigencia con el tiempo…

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LA MARCA MANDELA MARCHA A TODA MÁQUINA.

Nelson Mandela se convirtió en una marca: la «Marca Mandela». Su imagen, nombre, biografía y otros datos conexos son utilizados para generar lucros y promover la leyenda del personaje. En julio de 2012, por ejemplo, fue lanzada en el mercado la línea de ropa 46664 (su número de prisionero en las prisiones del apartheid); claro, «made in China».

Pero la «Marca Mandela» es algo más que una oportunidad para vender baratijas estúpidas a turistas y celebridades. También es un mito peligroso, un culto promovido diariamente en el imaginario del público y que está al servicio de intereses mucho más siniestros. El mito de Mandela es utilizado para dar, por asociación, credibilidad a la viciosa clase dominante sudafricana y para legitimar al dominante partido Congreso Nacional Africano (ANC). No es de extrañar que el lanzamiento en 2012 de los nuevos «randelas» – una nueva serie de billetes de África del Sur con la imagen de Mandela – coincidiese con la conferencia nacional del ANC en Mangaung (aqui).

Y este «dinero Madiba» (Madiba es el nombre popular de Nelson Mandela) llegó junto a una serie de dispositivos de glorificación a Mandela. Estos incluyen la presentación en Bloemfontein, donde el ANC fue fundado en 1912, de una nueva estatua de Mandela. Según el presidente del país y actual jefe del ANC Jacob Zuma se trata de un símbolo de «la reconciliación y la tolerancia», y una forma de recordar que debemos «continuar hablando» sobre el héroe nacional y su «verdadera historia».

El hecho de criticar a la «Marca Mandela» de ninguna manera significa que menospreciemos los sacrificios personales que Mandela hizo durante su lucha contra el apartheid, ni de la importancia de su papel, que fue visible en la transición de 1994, cuando se consiguieron avances significativos en los derechos colectivos. Pero estimular la emoción popular con la iconografía de la liberación y con el uso de la imagen de Mandela como si fuese la de un santo vivo, fue una forma de ocultar la historia mucho menos heroíca del ANC en el poder y de las realidades desagradables de la conferencia de Mangaung.

Como cualquier otra propaganda nacionalista, la «Marca Mandela» ha sido usada por los ricos y poderosos para perpetuar un sistema de clases putrefacto, un sistema que el ANC ayuda a mantener a traves de sus políticas neoliberales, sus ofertas de «empoderamiento» para las nuevas élites y las masacres policiales. Un sistema que ha causado la miseria para los millones de pobres sudafricanos que, se dice, habrían sido «liberados» por Mandela.

En África del Sur este sistema de clases está dirigido por una alianza de capitalistas privados (en su mayoría blancos) y administradores estatales (en su mayoría negros) que actúan en convivencia dados sus intereses de clase comunes. Después de una historia sangrienta que aseguró la existencia de muy poco espacio para las aspiraciones de otros en el sector privado dominado por lxs blancxs, el Estado se convirtió en el principal medio para que la élite negra alcanzase dinero y poder.

Es por esta razón que el ANC, como guardián del acceso a los recurso del Estado, se convirtió en un espacio tan disputado. El camino para Manguang estuvo marcado no por la «reconciliación» y por la «tolerancia», ni por «continuar hablando sobre el héroe», sino por la rivalidad entre facciones corruptas, acusaciones de fraude electoral e incluso por la toma de rehenes y el asesinato… Esto es ANC en la realidad actual, a pesar de los esfuerzos desesperados llevados a cabo por la facción dominante de Zuma intentando promover un alegado sueño nacionalista heredero de la «magia de Madiba».

Y, por último, para dejar las cosas claras, Mandela no fue el autor heroíco e individual de la liberación de este país. Incluso teniendo un papel importante, él mismo nunca se proclamó indispensable para este proceso. A quien, fundamentalmente, debemos agradecer los avances conseguidos en 1994 es a la mayoría trabajadora negra y a sus aliadxs de todas las razas, así como a sus esfuerzs y a la solidaridad que fortaleció las luchas

Si Jacob Zuma quiere una «historia verdadera», aquí la tiene.

Billete 20 Randelas

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