“Los demás animales pueden ser distintos a nosotres, pero nunca superiores”: Sobre la supuesta “superioridad evolutiva” del ser humano

Estos días, una persona, que se autodenominaba como antiespecista y lleva una vida vegana, se refirió varias veces al resto de animales como “inferiores evolutivamente”. Por nuestra parte, y dado que no es la primera vez que nos encontramos este tipo de lenguaje y creencias incluso dentro de entornos que presuntamente persiguen el fin de toda discriminación y opresión sobre les demás animales, queríamos reflexionar brevemente sobre este asunto.

Por un lado, queremos hacer referencia al absurdo que para nosotres supone priorizar un cierto tipo de “evolución” frente a otres. Hay animales capaces de volar, otros con una gran capacidad de resiliencia que les permite adaptarse hasta a las condiciones más extremas, otros que pueden pasar largos períodos sin alimento, o que cuentan con un impresionante sentido del olfato o del oído que les permite comunicarse a larga distancia o detectar y esquivar amenazas con la suficiente antelación, como algunas aves o ciertos mamíferos tanto terrestres como marinos. Sin embargo, el ser humano no puede hacer ninguna de estas cosas, y no pasa nada porque tenemos otras cualidades y ventajas. El problema viene cuando esas ventajas nuestras se colocan por encima de las de otras especies y se usan como excusa para dominar. No somos superiores porque en una carrera en campo abierto, hay infinidad de animales que nos derrotarían de forma aplastante, porque ante una caída de gran altura no podemos retomar el vuelo y evitar estamparnos contra el suelo ni tampoco podemos huir de quien nos ataca simplemente agitando las alas y elevándonos en el cielo, y porque en un medio como el agua somos vulnerables, lentos y torpes. Nuestra supuesta superioridad, como siempre, es relativa y se encuentra condicionada por la mirada y los valores de quién observa y juzga. Considerar que una serie de aptitudes humanas están por encima de otras aptitudes en las que otras especies destacan pero de las que nosotres carecemos es especista.

Por otro lado, nos interesa también hacer una última reflexión sobre un argumento, no menos especista y antropocéntrico, que nos hemos encontrado debatiendo sobre ésto con más personas. Nos decían que da igual que el ser humano carezca de esas otras ventajas porque su, de nuevo, presunta superioridad evolutiva, nos permitía suplir esa carencia con diferentes aparatos, máquinas, ingenios. Por ejemplo, no necesitamos saber volar porque podemos fabricar aviones, no necesitamos un gran oído sensible a ultrasonidos porque hemos inventado los radares, no necesitamos una gran velocidad física porque hemos inventado armas de fuego que disparan proyectiles mucho más deprisa de lo que cualquier animal puede correr y coches y otros vehículos que nos permiten viajar a la velocidad que queramos. Para muches, ésto nos hace superiores. No obstante, si hablamos en términos estrictamente evolutivos, ésto es una falacia del tamaño de una catedral. Precisamente, si hemos necesitado todo eso es porque no hemos evolucionado en esos términos. Y queremos repetir que ésto, per se, no es malo, no es malo que una especie no pueda volar o no pueda moverse a gran velocidad, porque eso es lo que nos hace diferentes y nos mantiene en equilibrio. Lo que sí nos parece vomitivo es usar esas diferencias para justificar la violencia sobre otras especies, porque entonces la nuestra debería ser el principal objetivo de esa discriminación, pues no solo no ha sido capaz de desarrollarse por sí misma y ha necesitado accesorios, sino que aun por encima es la única especie que no pudiendo adaptarse a su medio de forma natural, ha decidido destruirlo y transformarlo hasta que sea el entorno el que responda a nuestras necesidades. El resto de especies también modifican, en algunos casos, su entorno natural, es cierto, los castores construyen diques en los ríos y los conejos madrigueras. La diferencia es que esos animales, aun a pesar de esas modificaciones, logran habitar ese entorno siendo parte de un equilibrio y adaptándose a sus condiciones, mientras que nosotres no. Las demás especies juegan en un plano distinto, o se adaptan o desaparecen. Nosotres, en cambio, hemos hecho trampa y hemos salido del tablero, siguiendo un camino que solo nos ha conducido a alejarnos cada vez más de nuestra naturaleza y de nuestro propio ser.

También hubo quien dijo que los animales “no pueden hablar” y nosotres sí, con lo que nosotres somos quienes deberíamos usar nuestro lenguaje y nuestra capacidad para protegerles. Nos preguntamos, ¿en qué se puede basar el argumento de una supuesta superioridad evolutiva del ser humano sobre el resto de especies? Lo único que se nos ocurre es precisamente eso, nuestra capacidad para establecer razonamientos complejos a través del lenguaje simbólico. Es cierto, podemos alcanzar niveles de raciocinio y desarrollar unos vehículos para la comunicación que no alcanzaron las demás especies y que nos ha permitido un nivel mayor de desarrollo técnico. Aun así, nosotres no creemos que los otros animales “no puedan hablar”, pues está demostrado que la mayoría de especies, por no decir todas, tienen sus métodos para comunicarse y aunque no sean como el nuestro eso no los hace menos válidos. ¿Ese lenguaje nos ha permitido llegar hasta aquí? Sí, pero… ¿para qué?

La historia del progreso humano – entendiendo aquí el progreso según la lógica colonial, patriarcal, antropocéntrica de Occidente – es una historia de explotación, opresión, desigualdad, violencia, que empieza cuando el ser humano aprendió a domesticar a la naturaleza y al resto de criaturas, y que no solo ha perjudicado a aquelles individues no humanes sino también a todes aquelles humanes que se encontraban fuera de los marcos delimitados por esa hegemonía civilizatoria (pueblos nativos e indígenas, personas con otras raíces culturales distintas a las de les colonizadores, personas racializadas, etc.). Para nosotres, tal superioridad solo nos ha traído desgracia, y nos ha embrutecido, definiendo nuevas fronteras, nuevas otredades, nuevas jerarquías.

Por todos estos motivos, nosotres no nos sentimos, ni nos reconocemos, como evolutivamente superiores a nadie. El resto de especies son diferentes a nosotres, pero nunca inferiores, y basar la lucha contra el especismo en una especie de tutela necesaria porque al “darnos cuenta de nuestra superioridad” tenemos alguna clase de “deber moral” nos parece un error. Nosotres no luchamos contra la opresión al resto de especies porque pensemos que el ser humano, como ente supuestamente superior, debe protegerles, sino porque odiamos las cadenas, las jaulas, la autoridad y la dominación, se ejerza sobre quién se ejerza, porque nos da asco el poder que nos oprime pero también aquel con el que nosotres oprimimos a otres.

Porque queremos un mundo de libertad absoluta, autodeterminar salvajes nuestra existencia y nuestros deseos, lejos de esta civilización y sus muros, sus jaulas, sus órdenes y sus categorías.

“Los animales están aquí con nosotres, no para nosotres”

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