[Texto] – Eric Musham acerca de la acción individual y el centralismo autoritario.

«Matar los sueños es matarnos a nosotrxs mismxs. Es mutilar nuestra alma. Los sueños son lo único que tenemos que es realmente nuestro, impenetrable e inexpugnablemente nuestro» Fernando Pessoa.

Dejo el siguiente texto, extraído de una obra más amplia («Hacia una sociedad liberada del Estado», por Eric Musham), y que reflexiona sobre el rechazo de determinadas corrientes revolucionarias autoritarias hacia actos como expropiaciones, sabotajes, enfrentamientos con la policía por parte de pequeños grupos etcétera que parten del/de la propix individux y sus deseos, en tanto que se sabe esclavx y decide no alejarse de la proyectualidad revolucionaria a largo plazo pero tampoco acepta permanecer pasivx y/o en calma hasta que una élite vanguardista decida que las condiciones son propicias para el alzamiento.

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La teoría anarquista no prescribe ni rechaza ningún método de lucha y no rechaza ninguno que corresponda a la autodeterminación y a la espontaneidad. Siempre, cuando estallan insurrecciones violentas, sólo la voluntad del/de la individux determina la naturaleza, la posibilidad y el grado de integración dentro de formaciones de combate, cuya táctica por diversos motivos es impugnable desde un punto de vista libertario. No está en el carácter de todo el mundo quedar aparte de los grandes sucesos, observándonos y ergotizando si no va todo como se desea, prefiriendo no hacer nada antes que sostener un combate que no sea completamente iluminado por una justa concepción. Siempre cuando se han dado luchas revolucionarias casi todxs lxs anarquistas han estado presentes al lado de lxs trabajadorxs sometidxs a influencias centralistas y engañadxs por la autoridad. El criterio decisivo era el sentimiento de pertenencia a un grupo social, la consciencia de la obligación de reciprocidad que une a todxs lxs eplotadxs, la voluntad indomable que no puede soportar dejar a lxs demás solxs frente al enemigo común y sobre todo el deseo de dar un impulso libertario al valor, la abnegación y la pasión que tantas grandes cosas hicieron. Aunque más de un/a anarquista, animadx por tal voluntad, se haya visto llevadx bastante lejos de su propio camino, habría traicionado sus ideas sólo si habría molestado a lxs combatientes. La libertad no es un bien con modelo registrado y con propiedades evaluadas y medidas bajo todos los ángulos, sino más bien un principio vital que puede encontrar un acceso donde una fuerza se pone en movimiento. La tarea de lxs anarquistas consiste en darle acceso a la libertad, donde hay personas luchando.

El mismo bando que cree tener que reprochar a lxs anarquistas la estrechez de las actividades políticas que estxs desarrollan, en la medida en que consideran perjudicial para la lucha de clases que el proletariado gaste sus fuerzas acumulando papeletas, del mismo modo les guarda rencor por cierta forma de intervención inmediata que han empleado de varias formas en el pasado. La acción individual violenta, explican lxs marxistas, debe ser condenada porque corta el paso a la acción planificada de las masas en la lucha revolucionaria y, por consiguiente, proporciona pretextos convenientes para represalias de las fuerzas contrarrevolucionarias, de modo que la clase entera debe pagar por la actuación de un/a solx individux. Es obvio por qué condenan los atentados, incendios voluntarios, expropiaciones y demás actos individuales realizados por convicción política. No es por escrúpulos morales, a los que en todo caso el pensamiento marxista otorga un papel secundario; demás, esos adversarios del terror individual justifican expresamente el terror de la masa como medio de lucha política. Más bien, se trata de la hostilidad de lxs conservadores del centralismo autoritario en contra de cada gesto responsable de una persona actuando según sus reflexiones personales, una hostilidad que llega a repudiar que unx sacrifique su vida por la idea revolucionaria, siempre y cuando este sacrificio no sea decidido, ordenado y controlado por una autoridad central. El hecho de que un/a individux salga de las filas durante el combate signifique para el maestro, el cura, el padre o para el organismo central una nociva debilitación del poder legalizado, demuestra que se pueden realizar acciones eficaces sin estar dirigidas ni calculadas desde arriba.

Lobo

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