[Texto] Aquí no jode nadie, aunque algunxs se joden a sí mismxs (respuesta al escrito «Con la solidaridad, no todo vale»)

El siguiente texto fue publicado en el Indymedia de Barcelona (aunque yo llegué hasta él a través del blog de lxs compas de Abordaxe!) a modo de respuesta al texto “Con la solidaridad, no todo vale: Cuando a pesar de la incoherencia, no te libras del marrón”, en el cual se reflexiona sobre la solidaridad, y sobre ciertas miserias y contradicciones de la misma, a raíz de hechos como juicios recientes contra antifascistas (como el caso de Alfon), y de la postura y los medios elegidos para su defensa por parte de ciertos «segmentos» de su entorno solidario, y también a la luz del texto de Mónica Caballero y Francisco Solar titulado “Frente a la represión… no todo vale” (y que reflexiona, a su vez, sobre la tan discutida validez ética y estratégica de aceptar medios como el indulto o la fianza para evitar la cárcel).

Personalmente, y antes de dar paso al escrito (que, personalmente, me parece que emplea unas formas muy adecuadas, y del cual tal vez debería aprender un poquito tanto crítico de retaguardia, que la fuerza se nos va a todxs por la boca, compas), quisiera expresar brevemente mi postura sobre algunas cuestiones.

– Algunxs compañerxs en sus comentarios publicados en la citada noticia de Indymedia Barcelona, opinan que estos textos por Internet tienden a generar espectáculo, rencillas, malinterpretaciones, y que estas discusiones deben reservarse para entornos afines, asambleas y otros espacios cara a cara, donde unx pueda responsabilizarse de lo que dice. A pesar de dar difusión en mi blog a estos textos (asumo la contradicción), personalmente no podría estar más de acuerdo…

– Hay que saber separar la crítica fraterna, con buena intención y dirigida a afilar nuestras teorías y prácticas contra el poder, del embuste, la crítica cobarde y por la espalda, la falacia, el engaño, el acoso y la intimidación, disfrazadas de «crítica». La autocrítica es necesaria, pero cuando ésta se busca ofendiendo a compañerxs, o lanzando acusaciones graves en contra de personas concretas (como fue el infame y polémico caso de la compañera Tamara, y alguno más) y más si ésto se hace desde el cómodo sillón de casita, refugiadxs en el anonimato de Internet, entonces esa crítica deja de ser un aporte, y se convierte en un veneno, que infecta y pudre las relaciones entre compas y pasa a formar parte del mero espectáculo, el chismorreo y la infamia.

Dicho ésto, sigue el comunicado titulado «Aquí no jode nadie, aunque algunxs se joden a sí mismxs«, que, a pesar de que no comparto algunas de las opiniones de su autor (y mis discrepancias, como ya he dicho, me las reservo para debates a la cara), me parece que hace algunas reflexiones muy certeras y necesarias, sobre todo en estos tiempos en los que parece que todo vuelve a dividirse en absurdas dicotomías casi periodísticas que muchxs dieron por superadas, en torno a una dialéctica insurreccional, nuevamente, devenida en espectáculo y (quizá) malinterpretada.

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Aquí no jode nadie, aunque algunxs se joden a sí mismxs.

“No degrademos por el simple hecho de hacerlo por no estar de acuerdo…”

Si alguien no está de acuerdo con la opinión de lxs compas chilenxs, ¿es eso degradarlxs? Ni quienes están de acuerdo, ni quienes están en desacuerdo, degradan por degradar. Somos así. Al primero que nos contradice, le decimos “que se joda”. Y muy probablemente ese que nos contradice, también lo hace diciendo “que nos jodamos”. Pero nadie jode a nadie porque nos jodemos solitxs.

Somos así, incapaces de reconocer que no todxs estamos en las mismas circunstancias, ni tenemos los mismos miedos, necesidades, recursos…

En mi opinión, y sin ánimo de degradar a nadie, lxs compas chilenxs se han equivocado. No en lo que dicen sobre sus decisiones y las argumentaciones de estas, sino por lo que dicen de quienes no siguen esa misma línea.

Para quienes intentáis descalificar a lxs demás, llamándonos “insus”, sólo unas palabras nada más.

La primera, decir que os equivocáis. Tenéis una seria confusión. Hay quienes reconocemos todas las prácticas anarquistas, aunque luego tengamos nuestras maneras de accionar o de hacer. No es “mejor” un “insu” que un “naturista anarquista”. Ambos son necesarios.

La segunda, Un compañero que para vosotrxs ha sido “ejemplo de insurreccional”, ha repetido varias veces que la primera finalidad de un o una anarquista, es evitar entrar en prisión.

Es decir, algunxs váis muy erradxs…

Para alguien que dice que nos pongamos en el lugar de lxs compas chilenxs, sólo otro comentario. Eso es demagógico. Nos podríamos poner en su lugar, si hubiésemos pasado por un proceso tan tremendo como el “Caso Bombas”, en el que todo un Estado chileno, intentó llenarlxs de cadenas de por vida. ¿Cómo ponernos en su lugar? Lo más que me puedo permitir, es llenarme de rabia…

Ellxs pueden ser coherentes con sus ideas, y consecuentes con sus actos. No se han declarado ni inocentes, ni culpables, simplemente no reconocen las acusaciones que contra ellxs se vierten. Esa es una respuesta tan coherente como la de no expresar nada ante las acusaciones, pero ellxs han elegido una y no la otra.

Quiero decir, que no podré ponerme en su lugar porque esa rabia me lo impide, pero sí que puedo comprender su determinación. Es la misma que les llevó a la libertad en Chile, y es la misma que esperan que aquí también suceda lo mismo…

Todo encaja con una salvedad, esto no tiene por qué ser como Chile. Aquí sin pruebas también te condenan igual. Además, en Chile se convirtió en un caso que se mediatizó de tal manera que al Estado le salió todo al revés. Aquí sólo se creó la “alarma social del peligro anarquista”, para después desaparecer de la escena, pese a que llevamos casi dos años sin que se lleve a cabo ningún juicio.

Todxs lxs demás compañerxs que han detenido en los diferentes operativos, han salido en libertad con cargos y esperan el juicio en esa “libertad controlada” de presentarse a la firma.

Lxs compas chilenxs han dado su opinión con mucho acierto y en consonancia con su actitud, pero ellxs pueden hablar y tomar posturas sobre sus decisiones, no sobre las decisiones de lxs demás. Se equivocan cuando ellxs vuelven a juzgar a compañeros y compañeras anarquistas, y dicen que “no son compañeros ni compañeras”.

La solidaridad con los compañeros y compañeras que son apresadas, no se expresa esperando nada a cambio. Se expresa por ser compañeros y compañeras que el Estado ha secuestrado de nuestro entorno.

La solidaridad con compañeros y compañeras presas, es consecuencia de la lucha contra el Estado, y para expresarla, no hay que emitir un juicio de valor sobre los actos de nuestros compañeros y compañeras, cuando se trata de personas anarquistas las que son represaliadas.

Cuando negamos la solidaridad a compañeros y compañeras anarquistas porque no compartimos sus opiniones o sus acciones, estamos olvidando que nuestro enemigo es el Estado y no ese compañero o compañera anarquista que tiene una opinión diferente.

Cuando estos compañeros y compañeras estén una vez en libertad, entonces podemos hablar con ellxs de nuestras diferentes maneras de entender o de accionar hacia la anarquía.

Quien niega la solidaridad, es quien deja de ser compañero o compañera, no el anarquista o la anarquista que opina o actúa de manera diferente a la nuestra.

Sintiéndolo mucho, al compañero que ha hecho el escrito, tengo que decirle que sus palabras no aportan nada, sino que se recrean en lo mismo.

La verdad no es vuestra, porque no hay ninguna verdad que exista. La verdad es la construcción que hacemos entre todas, e individualmente cada cual tiene la suya, y por tanto, la tuya no me interesa, me interesa la nuestra.

Es por eso que con la solidaridad, ¡no todo vale!

Si no somos capaces de destruir las cárceles, tendremos que hacer lo posible por evitarlas. Y eso no quiere decir que vaya a hacer lo mismo que alcanzo a comprender, sino entender que hay quienes lo harán. Y que mi determinación, ni va a ser más coherente, ni más anarquista, ni más cierta…

La anarquía es mucho más que una idea. Y la lucha contra este sistema es siempre desigual y tremendamente asimétrica en cuanto al equilibrio de fuerzas. Cada cual debe encontrar la manera que le reporte más confianza para luchar contra el Estado.

No sirve de nada mirar qué hacen los compañeros y compañeras de al lado, sólo para criticarlo y cuestionar su “coherencia”. El “ejemplo” de unxs, no sirve para todxs.

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