[Texto] Chile – A 9 años del incendio de la cárcel de San Miguel. Artículo + Entrevista al hermano de uno de los presos muertos y vocero de 81 Razones para Luchar

A 9 años de la masacre del incendio en la prisión de San Miguel (Chile), en la que se produjo un incendio durante el cual la inoperancia y mala praxis deliberadas del personal responsable de la cárcel y de la policía condujo a la muerte agónica de 81 personas presas el 8 de diciembre de 2010, compañeres de la publicación anarquista Madre Tierra compartieron por vía e-mail su artículo sobre aquellos hechos (originalmente publicado en el #2 de la revista, correspondiente a febrero de 2019), así como una entrevista con un hermano de uno de los 81 presos muertos aquella noche y miembro del colectivo 81 Razones para Luchar, proyecto convertido en ONG que aun con las diferencias que puedan surgir respecto a las formas de organización que como anarquistas preferimos, desarrolla una gran labor, en la que pretende mantener viva la memoria y exigir justicia para las víctimas y sus familias, además de desarrollar una importante labor anticarcelaria de cobertura y apoyo a preses de otras cárceles de Chile, ofreciendo diferentes acompañamientos y solidaridades tanto a las personas encarceladas como a su entorno familiar y de amistad.

El Estado y la Democracia torturan y asesinan.
81 motivos para no olvidar ni perdonar. ¡Abajo los muros!

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El incendio en la Cárcel de San Miguel (*)

Las cárceles, centros de tortura y exterminio son piezas fundamentales para mantener y perpetuar el orden que solo a los poderosos beneficia. Las cárceles son la amenaza siempre latente con la que pretenden amedrentar a cualquier intento de disidencia.

Las cárceles son las jaulas donde encierran la vida condensando lógicas jerárquicas y de dominación. Nosotrxs combatimos las cárceles y jaulas porque amamos la libertad y combatimos a los carceleros porque despreciamos el poder.

La madrugada del 8 de diciembre de 2010, se vivió una de las peores masacres carcelarias, el incendio en la cárcel de San Miguel, que terminó con la vida de 81 presos y dejó heridos a otros 65.

Las versiones oficiales hablan de una pelea entre presos que va subiendo de tono, va aumentando el nivel, se inician los golpes y aparece un lanzallamas artesanal. Así parece comenzar el incendio al interior de la torre 5 de la cárcel de San Miguel, pero no explica por qué terminan muertos 81 presos.

Qué originó el fuego no nos parece tan relevante como los hechos que se desencadenaron luego. Las primeras llamas del incendio pudieron ser perfectamente controladas y sofocadas, si ese hubiese sido el propósito de la Institución Penitenciaria.

Lo cierto es que muchos de los carceleros que hacían guardia esa noche gozaban con los gritos de espanto y dolor de los presos, porque han sido adiestrados para que la vida de una persona en prisión les dé lo mismo; otros estaban ebrios incapaces de actuar y otros simplemente no quisieron dimensionar lo que ocurría, indiferentes al humo que ya comenzaba a subir.

Fueron los propios presos quienes dieron aviso del incendio a Bomberos, luego los vecinos de la cárcel continúan con los llamados de alerta, Gendarmería dormía en los laureles, mientras algunos funcionarios con torpeza trataban de apagar el fuego con elementos inservibles o averiados.

Los presos se iban quemando, asfixiando y desmayando, mientras seguían recibiendo insultos y burlas desde las torres de vigilancia. No nos sorprende esta actitud miserable, pero tampoco nos deja indiferente. Ese es el verdadero rostro de las instituciones de control. Quizá a momentos pueden presentarse amigables y diligentes con quienes están en la calle, pero la realidad al interior de las prisiones es totalmente diferente, porque quien ha elegido el rol de carcelero, desprecia la vida, porque desprecia la libertad.

El fuego, histórico amigo de las conspiraciones, motines, sublevaciones y revueltas, estuvo ese 8 de diciembre de 2010 del lado de los poderosos, quienes en su pretendida omnipotencia, conocida inoperancia y cobardía, dejaron que se expandieran las llamas y se desatara el incendio que vio morir a 81 presos.

Bien pudo ser cualquiera de nosotrxs quien muriera aquella noche, bien pudo ser cualquiera de nuestrxs conocidxs o compañerxs. Ese asesinato masivo nos remece, esa masacre carcelaria es la puesta en práctica del poder, es la democracia sin maquillaje, es el punto culmine de la tortura y la violencia institucional que se dan a diario en toda prisión. Si los 81 presos murieron esa noche es porque existen las cárceles, porque existe la dominación… y contra ello nos levantamos y combatimos.

Tras la masacre de San Miguel, las autoridades políticas y carcelarias pretenden imponer amnesia, remodelando algunos módulos y transformando, a casi un año del incendio, la prisión en una cárcel de mujeres.

Los poderosos intentaron congraciarse con las familias de los 81 presos, explicando lo sucedido como una pelea entre grupos rivales, en un intento por invisibilizar la maquinaria de muerte lenta que es toda cárcel. El incendio es la consecuencia lógica de un entramado perverso que busca aniquilar a las personas que viven dentro de las jaulas.

El poder buscó orientar la memoria hacia las aquietadas aguas de la institucionalidad, como si dentro de los márgenes legales de la sociedad que asesinó a los 81 presos pudiésemos encontrar la solución al conflicto.

En abril de 2014 terminó el juicio contra algunos gendarmes sindicados como responsables de la seguridad esa noche. No hubo culpables y no los pedimos, al menos no en los términos jurídicos o en los cánones del derecho, pero bien sirve este punto para demostrar hasta qué nivel llega la pantomima de la “justicia”, cómo pisotea sus propios principios, burlándose de 81 familias de muertos y 65 heridos.

No es el error o inoperancia de un grupo puntual de Gendarmes lo que criticamos, sino todo el entramado carcelario y la sociedad que crea y necesita de estas instituciones de muerte. Responsable del incendio y la muerte de 81 presos son el Estado y Gendarmería, eso es innegable.

Como fotografía de un proceso social nefasto, los sobrevivientes del incendio de la cárcel de San Miguel iban a ser supuestamente asistidos psicológicamente por el trauma de ver morir quemados a sus compañeros, pero el procedimiento se tradujo en la entrega constante de pastillas para mantenerlos dopados y dóciles.

Tras el incendio hubo varios motines en diferentes cárceles de Chile, buscando solidarizar con las familias de los muertos y poner en evidencia los castigos y el hacinamiento. Gendarmería decretó alerta nacional, reforzando la seguridad en los 88 recintos carcelarios del país a la fecha, buscando frenar la propagación de los motines.

Hubo motines en la cárcel de Calama, en la ex-Penitenciaría de Santiago, en la cárcel de Quillota y Antofagasta, por mencionar solo algunos.

El día 8 de cada mes, familias y compañerxs se reúnen afuera de la cárcel, cortando la calle con lienzos, sin permiso alguno, con la simple voluntad de la memoria, buscando encontrarse con otras personas y experiencias que vean la urgencia de recordar y visibilizar lo que ocurre dentro de las prisiones.

Así han abierto un espacio callejero, un corte en la normalidad de la ciudad, enfrentándose a carabineros, micros y vehículos en general. La calle la han ganado las familias, con persistencia y decisión, convirtiéndola en un espacio de memoria y también en un punto de encuentro anticarcelario.

Algunxs familiares, buscando agruparse y defenderse forman un grupo llamado 81 razones por luchar, luego lo convierten en una ONG, cuyo vocero es hermano de uno de los presos que murió aquel 8 de diciembre de 2010.

81 Razones por luchar desarrolla una labor codo a codo con prisionerxs de diferentes cárceles del país, asistiendolxs judicialmente, logrando visitas, apelando a castigos, desvelando golpizas y torturas, guiando a familiares en el laberinto carcelario. Las ONG nunca han sido de nuestro agrado, quisiéramos que las personas se organizaran de manera horizontal y totalmente al margen de la institucionalidad, pero aquello no invisibiliza la cotidiana labor y entrega que realiza este grupo de familiares.

No es la panacea, ni tampoco la perfección, pero están presentes allí donde pocxs llegan, sin pedir dinero por su colaboración. A menudo son la única voz de las personas en prisión y han tenido la capacidad de vincularse con otras luchas y extender la solidaridad.

NO OLVIDEMOS EL INCENDIO EN LA CÁRCEL DE SAN MIGUEL
POR LA DESTRUCCIÓN DE TODAS LAS PRISIONES Y JAULAS!!!

* * *

Conversamos con César Pizarro, hermano de Jorge, quien murió aquella madrugada en el incendio.

– ¿Cómo surge 81 razones por luchar?

81 Razones surge de una realidad que nadie quisiera vivir. Tus seres amados que estaban en manos de un organismo del estado (gendarmería) morían juntos, todos calcinados, quemados vivos ante los ojos de todo un país y el mundo.

81Razones nace del fuego, somos fuego, somos luz, somos esas cenizas que aún siguen prendidas a la espera de un viento de libertad que nos vuelva a dar vida…

– ¿Cuál es su campo de acción?

La cana misma, la fila de las visitas, los lugares de torturas, las celdas de aislamiento, los velorios y funerales, los caminos sin respuestas, los sin fines de trámites que se deben realizar para ser escuchados y atendidos por el estado-gendarmería o la justicia, trabajamos en terreno, en la tierra, donde salpica la sangre de un apuñalado o apaleado, donde nosotros mismos estamos bajo el ojo del poder criminal del estado, a la espera de alguna causa montada o de alguna bala loca disparada por policías enajenados en nombre de la sed de justicia-venganza social.

– ¿Qué piensas del desenlace judicial que tuvo el caso?

Creo y pienso que ya estaba todo listo, todo montado y preparado para el espectáculo.

Siento que jugaron con las 81 vidas de nuestros 81 hermanos, jugaron con las familias . Lo vimos venir, el show con la muerte de nuestros familiares en la peor tragedia carcelaria del país, impune, sin justicia, ni siquiera removieron al director nacional de gendarmería, que hoy es jefe de la ANI, ni al ministro de justicia, no se movió ni un pelo de responsabilidades del estado, fue una burla grotesca y avasalladora, fue una repugnante resolución de jueces de mierda sin vida, sin alma sin sentimientos… Estamos seguros que si nosotrxs lxs rebeldes hubiésemos dejado morir a alguien de ellos, del estado, del poder factico gubernamental, ya estaríamos condenado a 30 40 años y muchas cadenas perpetuas.

– ¿Cómo has transformado el dolor de la pérdida de un ser amado?

Ufff poder pasar del odio la rabia y la sed de venganza a la fraternidad ha sido muy difícil, años de sueños y pesadillas, sufrimientos, dolor del cuerpo, el querer morirte y perderle el miedo a todo peligro, como he leído por ahí, nos quitaron tanto que nos quitaron hasta el miedo, es complejo para un ser humano ver como un grupo de personas gobierno, policías, instituciones hayan dejado morir a tus seres amados y luego se burlaran y se rieran en nuestras caras, luego tener que reunirse con

ellos y mirarlos a los ojos, porque sabemos quiénes son y tienen parte de responsabilidad y aún siguen vestidos de verdes creyendo que pasan piola luego de dejar morir a los 81 y cientos y miles de presos más.

Hoy el amor al prójimo la solidaridad la hermandad, la lealtad y la lucha de día a día nos ha mantenido de pie, muy firmes y seguros que vamos por el camino correcto…luchamos por un cambio total al mundo asqueroso de las cárceles, el mismo mundo putrefacto que dejó morir a nuestros 81 hermanitos.

– En algunos mitines afuera de la cárcel has leído partes del libro de Xosé Tarrío, has hablado de Pombo, de Claudio Lavazza, de Mauri, ¿cómo te acercaste a esas experiencias?

El llegar a esos hermanos fue algo increíble, lloré en cada lectura de ellos, fue algo que quizás estaba en mi ser, en mi mente y en mi sangre y otros hermanos por otros lados del mundo hablaban sufrían y luchaban contra algo que yo también luchaba, el conocer a estos hermanos fue una inyección de energía moral y humana, me llenó de vida alegría y sentimientos, no sé cómo decirlo pero siento que ellos son mis hermanos amigos y compañeros hasta de «delitos», los quiero mucho a todos y los respeto, sus vidas e historias, sé que como ellos hay muchos más que con el pasar del tiempo y de los años he ido conociendo en las canas chilenas y en muchos países más por el mundo…sufro con ellos sufro al saber que han pasado tantos años de su vida y me impresiona al máximo el valor que le dan a la vida y los intactos sentimientos y SOLIDARIDAD que mantienen INQUEBRANTABLES.

Ellos viven en mí y estoy feliz de saber que de alguna forma nos conectamos en el universo mágico de los que tenemos el corazón un poco más grande del resto de los mortales…

– ¿Qué te gustaría transmitirle a quienes van conociendo el incendio en la cárcel de San Miguel?

Que se acerquen que aun necesitamos ayuda y solidaridad, que necesitamos unir fuerzas, que esta lucha lleva 8 años, 8 años que no han sido en vano con 81Razones nació una fuerza increíble de amistad cariño fe y esperanzas de que si podemos cambiar la historia, aunque nos quieran encarcelar y callar, aunque intenten sobornarnos, aunque paguen indemnizaciones, aun derrumben San Miguel, esta fuerza natural del ser humano que nace de las entrañas apretadas por el horror que ellos generaron está presente y más viva que nunca, existimos hermanos, estamos ahí presentes, todos los 8 de cada mes nos puedes encontrar frente a la torre 5 de la cárcel de San Miguel donde murieron nuestros 81 hermanos, ahí estamos para abrazarte, escucharte ayudarte y orientarte, aunque nadie hizo eso con nosotros en el momento que más lo necesitábamos, ahí hay un grupo lindo de personas, que lucha quiere luchar y seguirá peleando contra el perverso sistema criminal carcelario, ahí en un grupito a la oscuridad de la noche, susurrando a los vientos que chocan con los muros de la cárcel, se oye, se escucha y se escuchará, 81Razones. Con cariño eterno a mis hermanos…

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(*) Ya se conmemoran 9 años del incendio que terminó con la vida de 81 presos en la Cárcel de San Miguel, éste texto apareció en el segundo número de la Publicación Madre Tierra, en Febrero de 2019.

Publicacion Madre Tierra

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